Dolor
Soy a los niños lo que el Grinch es a la Navidad.
Ayer tuve una experiencia mística: leí un cuento a una niña. En catalán. La Caputxeta Vermella. Olé.
Es evidente que me falta mano con los pequeñuelos. Al fin y al cabo, décadas y décadas de alejamiento de ellos pasan factura. Algo no debí de hacer bien en el tono, la pronunciación o la estrategia narrativa, porque cuando acabó el cuento tras varios bostezos e intenté proseguir mis empeños con El flautista d'Hamelín, mi víctima hojeaba la Crítica de la razón pura de Kant con el interés indisimulado propio de las criaturas.
A pesar de mi naturaleza herodésica, esto me dolió. Que uno intente estimular la imaginación infantil superando las dificultades con el idioma y prefieran leer a Kant, duele.
Me gusta mucho el catalán. No lo he aprendido porque sé que es tontuna aprender un idioma si no lo vas a usar con frecuencia, sobre todo este que tan fácil es mezclar con el español y el francés cuando uno no lo mama desde chiquito. Creo que cuando regrese de América, en lugar de quedarme en Madrid me voy a venir una temporadita por estos lares y así podré aprenderlo y practicarlo.
En Barcelona, el día de santa Jacinta de Mariscotti (abadesa; de delicioso nombre, añado) por la mañana.
Mus
Ayer tuve una experiencia mística: leí un cuento a una niña. En catalán. La Caputxeta Vermella. Olé.
Es evidente que me falta mano con los pequeñuelos. Al fin y al cabo, décadas y décadas de alejamiento de ellos pasan factura. Algo no debí de hacer bien en el tono, la pronunciación o la estrategia narrativa, porque cuando acabó el cuento tras varios bostezos e intenté proseguir mis empeños con El flautista d'Hamelín, mi víctima hojeaba la Crítica de la razón pura de Kant con el interés indisimulado propio de las criaturas.
A pesar de mi naturaleza herodésica, esto me dolió. Que uno intente estimular la imaginación infantil superando las dificultades con el idioma y prefieran leer a Kant, duele.
Me gusta mucho el catalán. No lo he aprendido porque sé que es tontuna aprender un idioma si no lo vas a usar con frecuencia, sobre todo este que tan fácil es mezclar con el español y el francés cuando uno no lo mama desde chiquito. Creo que cuando regrese de América, en lugar de quedarme en Madrid me voy a venir una temporadita por estos lares y así podré aprenderlo y practicarlo.
En Barcelona, el día de santa Jacinta de Mariscotti (abadesa; de delicioso nombre, añado) por la mañana.
Mus