19 mayo 2008
16 mayo 2008
No figura
Problema: ni puta idea de dónde encontrar a estas señoritas; solución: llamar al servicio de información de la compañía telefónica, que saben más que la enciclopedia británica y tienen más datos que el calendario zaragozano.
Ring, ring...
[Voz levemente gutural y grabada de una señorita.] Gracias por llamar al blablablá. Le comunicamos que esta llamada tiene un coste de 2,50 euros más IVA por minuto, pringao.
Empezamos bien... En fin, el que algo quiere, algo le cuesta: seamos positivos.
Tuuu, tuuu, tuuu... [Suena el tono y poco después oigo la voz levemente gutural y grabada de una señorita (otra distinta a la anterior).] Todos nuestros agentes están ocupados. Le rogamos que espere unos minutos y en breve atenderemos su llamada. Le recordamos que esta tiene un coste de 2,50 euros más IVA por minuto, ¡indongo! [Se oyen carcajadas de fondo mientras la señorita intenta decir "indongo", cosa que con la risa solo consigue mascullar a duras penas.]
Me ofendo un poco y me impaciento mucho, pero una orgía es una orgía y si hay que sufrir... oye, pues se sufre un poco. Cuatro minutos y diez euros (más IVA) después se oye un tono y surge una voz que se me antoja angelical y a estas alturas incluso económica. Me adelanto con la voz más gentil de que soy capaz:
—¿Oiga?
—Sí, dígame.
—Gracias, muy amable. Deseaba saber el número telefónico de una señorita llamada Ironía. Es para una orgía, ¿sabe?
—¿Perdón?
—Que es para una orgía, usted disculpe.
—Bueno, vale, ¿pero cuál es su apellido?
—Del Trópico, me llamo Mus del Trópico, señorita, gracias por preguntar. Para servirla. [Me toco el ala del sombrero hasta que me percato de que no llevo sombrero y ni siquiera tengo pelo. Bajo la mano un poco azorado por mi despiste.].
—No, señor del Trópico, me refiero al apellido de la susodicha Ironía.
—Ah, no tengo ni idea, señorita; es decir, perdón, que no lo sé. A mí don Anónimo (o doña Anónima) no me dio referencias al respecto.
—No sé por qué habla con tanta ínfula, señor del Trópico alias mentecato, pero no puedo ayudarlo sin el apellido de Ironía.
—¿Seguro que no? ¡Hágase cargo de la importancia de esta pesquisa!
—Seguro; no figura, caballero. [Voz nasal indescriptible al decir "no figura".]
—¿Y qué me recomienda?
—En lo profesional que se entere del apellido y la ciudad de residencia y vuelva a llamar; en lo personal le recomiendo que se la casque, sacuda o pele usted a repetición y con mucho amor en lugar de andar buscando a desconocidas de nombre raro para orgías. ¡Gilipollas!
—Joder, señorita vaya hu... [me cuelgan].
Estoy triste por este trato tan irrespetuoso, así que me he quedado con pocas ganas de llamar de nuevo para pedir datos de Sentidodelhumor, a pesar de que algo me dice que debe de tener unos pechos de vértigo y ser estupenda para las orgías. De hecho, casi creo que me he equivocado, porque para una orgía seguro que Sentidodelhumor va mucho mejor que Ironía.
Lo malo es que no sé cómo organizar una orgía solo con Sentidodelhumor. ¿Tendrá una hermana? Y de tenerla, ¿cuál será su apellido? Quizá buscando por ahí consiga dar con la que me interesa. Pero espera, ¡que me interesan las dos! En fin, los dejo que tengo que llamar a Información.
En Ciudad Real, el día de santa Gema Galgani (virgen, la pobre), por la tarde.
Mus
14 mayo 2008
Un taburete
Ando de taxista de mis dos tías, respectivas esposa y hermana del enfem·mo, llevándolas y trayéndolas de Royal City. Como quiera que el taxi es un vetusto todoterreno de marca japonesa y las dos damas ya tienen las coyunturas en estado subóptimo, les suponía intenso esfuerzo lo de subirse y bajarse del vehículo.
Hoy, al pasar por ellas para el viaje diario, he entrado en el chino que hay en su bloque de pisos y, en español porque en realidad este chino no está regentado por chinos y de todos modos no sé chino, he pedido con toda mi amabilidad el consejo del buen hombre que al frente del negocio se hallaba.
"Vaya al fondo del pasillo y a la derecha hay unos taburetes" —me asegura. Y allá que voy yo en busca del taburete y de allá que me regreso con las manos vacías, sensación de idiota y semblante suplicador que el encargado, un lince, interpreta en el sentido correcto.
"Espera, que te lo busco en un periquete" —me tranquiliza. Yo me tranquilizo y él cumple su palabra y me saca un taburete (a dos euros) y yo le pido que me lo deje probar, a ver si les va bien a las damas y él se presta sin dudarlo a esta transacción comercial incompleta.
Voy al automóvil, abro la puerta, pongo el taburete bajo la repisa y mi tía, la monja, me dice que muchas gracias, que qué amable y qué buen chico soy, me agarra las mejillas y me planta un sonoro y manchego beso y se sube sin mayor problema, seguida de la otra tía, la que no es monja pero sí esposa, que también se sube en un brinco intermediado.
Vuelvo y pago el taburete más otro de estrambote para el vehículo de la hija de mi tía (hija que curiosamente coincide en ser mi prima), lo que alboroza a mi tía que ve cómo sus dificultades para subir a los diversos automóviles podrían ir aliviándose.
Ya dentro y en camino, las dos afirman sin dudarlo que qué caballeroso, que menuda suerte va a tener la chica que se case conmigo... y acto seguido, sin que haga falta que yo abra la boca siquiera, ellas mismas sonríen ante su humorada y mencionan algo que no queda registrado pero que alumbra a las claras su certeza de que tal cosa (cestadir, mi posible matrimoño) es una entelequia. Luego se ponen a cotorrear y a sonsacarme, que es la labor de toda tía rural que se precie. Para darles tarea y estimular su ingenio, respondo con monosílabos y frases triviales, que es la labor de todo sobrino rural que se precie.
Educadas que las tengo, a mis dos tías; y cómodas, con su taburete. Hoy además he aprendido que con un taburete puedes conseguir un beso, así que me pregunto si comprando media docena podría conseguir algo más... No de mis tías, claro, pero bueno, ya se entiende. Hoy al regresar iré meditando sobre las posibilidades de comprar algo más en el chino para conseguir llevar a efecto lo de la orgía. He pensado en unas macetas de plástico y unos paquetes de gomas para el pelo, pero tengo que madurarlo porque esto requiere claramente una planificación minuciosa.
En Ciudad Real, el día de san Matías (apóstol), por la tarde.
Mus
11 mayo 2008
Falsos amigos (modificado)
Los falsos amigos procedentes del inglés son bien conocidos aunque los hablantes en general no suelen prestarles mayor atención y, en el fondo, poco importa que no lo hagan. En México es habitual que la gente diga honesto para decir que alguien es sincero, probablemente por influencia del honest gringo, que significa precisamente sincero, aunque el significado original de honesto va más bien referido a la integridad moral.
Hay muchos casos de falsos amigos, y muchos de ellos acaban entrando en el idioma y, la verdad, no parece que pase gran cosa por ello.
Del francés nos llegó uno muy chistoso porque se refiere a un topónimo. Al cacho de mar cuyo punto más estrecho es el paso de Calais le decimos "canal de la Mancha" porque en francés se le dice La Manche (que significa manga). Esta foto la saqué en el metro parisino hace unos meses y me hizo gracia porque, en pura lógica, si decimos ya el canal de la Mancha debiéramos decir que este suéter es un suéter sin manchas, o inmaculado, y eso tiene su aquél porque a quién se le ocurriría sugerir en un anuncio que una prenda de vestir pueda tener manchas.
Nota poseditorial: Ante el clamor popular, el modelo que aparece a continuación pasó por el cadalso y ahora luce bellamente decapitado. Su familia no debe preocuparse, pues él sin duda reposa tranquilo en su domicilio.
Para la próxima, prometo enmendarme y poner solo a mangos de primera categoría.
En fin, tonterías que se le van apareciendo a este pedante q. b. ss. pp.
En Madrid, el día de san Mayolo (abad, como ya quedó dicho), por la tarde.
Mus
Labilidad
Siempre he sido bastante llorón con las películas, pero rara vez rompía a llorar del todo. Esto solo me sucedió cuando vi La lista de Schindler y se repitió cuando vi Una mente maravillosa. También, hace poco me emocioné de modo inesperado viendo Ratatouille en un avión, y eso que ya la había visto antes. Quién sabrá qué cosa me dio, porque tampoco se puede decir que esa película de caricaturas sea precisamente lacrimógena. El resto de mis lloros fílmicos, frecuentes, se limitan al lagrimeo que no rompe, o si acaso a alguna lágrima furtiva pero sin hipos ni sollozos.
Todo esto viene a cuento de que me ha emocionado inmensamente esta historia, sobre todo las afirmaciones de algunos protagonistas que dicen tener a Barcelona como su paraíso perdido y que tuvieron que aguantar ser arrancados de su entorno tres veces en tan poco tiempo: de sus padres, de su orfanatorio y de su lugar de acogida en Barcelona, y para perder, casi siempre por toda la eternidad, partes vitales de sí mismos.
El relato emotivo sobre estas personas pone término a una semana llena de un sinfín de sentimientos intestinales que me invadieron durante la visita a Normandía. Estuve visitando la playa de Omaha, una de las cinco playas (Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword, de Oeste a Este) donde los aliados desembarcaron el 6 de junio de 1944 en la operación Overlord.
Omaha es un playazo normando típico, una inmensidad de seis kilómetros de arena con una anchura eterna que se acrecienta con las mareas, que pueden llegar a ser muy vivas. Sobre la playa hay un promontorio continuo (donde los alemanes tenían búnqueres cada 250 metros) y en el extremo occidental un pequeño farallón rocoso.
Al menos en los primeros instantes del desembarco, aquello debió de ser algo muy parecido a un pinpapún de feria. En Omaha murieron unos mil hombres del ejército estadounidense en apenas unas horas (quién sabe cuántos heridos y desaparecidos), y muchos de ellos están enterrados allí, en el célebre panteón, que impresiona.
Esto que leí me obligó a restregarme los ojos para que las lágrimas no me impidieran disfrutar del cálido sol normando, que allí andaba aunque de vez en cuando se escondía tímido entre la niebla.
He de decir que me fascinó el inmenso respeto que destila ese cementerio. Los Estados Unidos ponen gran cuidado en honrar a sus caídos, y eso se me antoja muy sensato se esté o no se esté de acuerdo con sus guerras.
Guerras aparte, viajar por Normandía en estas fechas es un espectáculo increíble: todo son pasturas verdérrimas, vacas charolesas y frisonas que se pasean a su antojo seguidas por sus terneros mamones, cultivos de colza de un amarillo inacabable alternados por campos de cereal de unas alturas envidiables. Y esos bosques por todas partes, ¡ay! Si tuviera que recomendar un sitio para visitar, este sería uno.
Caveat: no se arrimen a Deauville ni a su vecina Trouville. Allá hay dos casinos en los que los crupieres saben latín y en cuanto te descuidas ya no tienes los cien euros con los que entraste. ¡Qué tíos!
Aun con cien euros de menos, soy una persona muy afortunada. En estos viajes donde la desgracia infinita se aparece al mismo tiempo que las bondades de la vida, se aprende a apreciar esto de la fortuna.
En Madrid, el día de san Mayolo (abad), por la tarde.
Mus
10 mayo 2008
Intercambio de palabras captado al acaso
—Eres increíble, querido, adoro cuando te pones intelectual.
En Madrid, el día en que en México se celebra el día de las mamás, por la tarde.
Mus
07 mayo 2008
01 mayo 2008
De hueva en Huelva
En el chiringuito La Tortuga se respira aroma de sardina asada y se ofrecen coquinas, pijotas, acedías, gamba blanca a la plancha. La reina de la gastronomía parece ser la fritura de pescado, de natural denominación pescaíto, y así se anuncia y me da mucho gusto verlo. Nadie en su sano juicio osaría escribir pescadito. Si se llama pescaíto, ¿a qué ponerle una consonante tan tonta? Sería una hipercorrección estúpida. Enseña mucho esto sobre la naturalidad con que debiéramos escribir tal como hablamos y el derecho que tenemos a hacerlo si nos comprenden. Si no nos comprendieran también tendríamos derecho, pero seríamos una isla desierta.
También enseña mucho sobre la relativa tontería que suponen las normas estrictas: cada uno de nosotros habla bien el idioma que mamó, y la prueba es que nos entendemos perfectamente cuando vamos a la compra, tato si nacimos en Madrid como si nacimos en un pueblito de pescadores onubense o jalisciense. Somos todos unos artistas de la palabra, y tan solo queda que el resto aprecie nuestro arte, a lo cual por supuesto no están obligados. Ni nosotros a variarlo si no lo deseamos.
Nadie juega a las palas si no es en la playa. Parece que es un juego que solo se puede hacer ahí, no en un simple parque o en medio del campo. Las chicas se afanan en remangarse el chon del bikini para convertir la braga bricheyónica en hilo sucinto copacabanero. Sus culos estupendos asoman tras la operación de arremangue y dejan al mirón que suscribe con la duda de por qué no se comprarán directamente un bikini con tanga.
Es una playa familiar y apenas se ve una teta, así que el mirón que suscribe se arrima al chiringuito La Tortuga a suscribir lo escrito y a ver si es posible presentar un hoja de reclamaciones para quejarse por la falta de mamas a la vista. Al pedirla me han puesto cara de "yastaquielenteraodemadrídeloscohone", así que me he dicho que pelillos a la mar y he pedido una jarra de cerveza con casera con la intención de que me trajeran una jarra de cerveza con casera. Como era de esperar, me han traído una jarra de cerveza con casera... ¡pero del tamaño de un aljibe! ¿Esta gente nunca oyó hablar de las sobredosis? Después de esto tendré que irme a la botica a hacer acopio de vitamina B6 para ayudar a mi maltrecho instrumento metabólico, el comúnmente denominado hígado. Ahora tengo miedo de pedir una sardina, no sea que me traigan una costilla de Moby Dick y encima me pregunten que si voy a querer pan y ensalada.
Las vacaciones son un invento maravilloso, aunque el inventor siempre se queda corto en su duración. Las vacaciones son siempre breves, aunque en el chiringuito La Tortuga parecen intemporales, como si uno hubiera de estar toda la vida regodeándose con este aroma a pescado asado, este aroma a Huelva marinera. Cómo me gustaría estar de vacaciones todo el santo día, un día tras otro, sin parar, al amor del sol, la caricia de la playa, la luz del mar, un chiringuito donde renovar fuerzas y rehidratarse con tintos de verano incesantes.
He recogido tesoritos por la playa. No creo ser capaz de elaborar con ellos unos zarcillos ni nada, pero cuando uno ve un tesorito en la playa es incapaz de dejarlo allí.Ayer me hiciste reír con el libro que me regalaste, Sin noticias de Gurb, cuando un pobre extiende su tarjeta de visita al narrador y entre la descripción de sus servicios se lee: "se da pena".
Qué envidia me dan estas gentes que son capaces de decir tanto con tres palabras.
En La Antilla, el día de san José Obrero, al mediodía.
Mus