Un tropo es una figura retórica que consiste en usar las palabras en sentido distinto del que tienen. Como a Mus le gustan las palabras y el calor del sol, Mus abre hoy este trópico, esta bitácora en la que hablar de las palabras: de todas las palabras y aplicadas a cualquier cosa, mientras el sol siga saliendo, sin importar por dónde salga ni a qué hora.
[Los chicharreros] se quisieron tirar un pedo más alto que el culo, contrataron al godo y les salió mal.
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Si eso fuera cierto... ¡oh!Si se confirmara... ¡ah!Que de estar enamoradami venganza tendría efetopues que podría, discreto,herilla de una baladay matalla de un soneto.
Calabaza, se acaba un nuevo día y como todas las tardes quiero despedirme de ti. Quiero despedirme y darte las gracias, una vez más, por seguir aquí con nosotros. Tú, que podrías estar en las mesas de los ricos y los poderosos, has elegido el humilde bancal de un pobre viejo para dar ejemplo al mundo. Yo no puedo olvidar que en los momentos más difíciles de mi vida, cuando mi hermana se quedó preñada del negro, o cuando me caparon el hurón a mala leche, solo tú prestabas oídos a mis quejas e iluminabas mi camino.Calabaza, yo te llevo en el corazón.
Calabaza, se acaba un nuevo día y como todas las tardes quiero despedirme de ti.
Quiero despedirme y darte las gracias, una vez más, por seguir aquí con nosotros. Tú, que podrías estar en las mesas de los ricos y los poderosos, has elegido el humilde bancal de un pobre viejo para dar ejemplo al mundo.
Yo no puedo olvidar que en los momentos más difíciles de mi vida, cuando mi hermana se quedó preñada del negro, o cuando me caparon el hurón a mala leche, solo tú prestabas oídos a mis quejas e iluminabas mi camino.
Calabaza, yo te llevo en el corazón.
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A mí me pasa algo parecido con el juego. Me gusta jugar de vez en cuando —no creo que llegue a una vez al año, frecuencia que resulta sana dado el peligro que tiene soltar billetes al azar del azar— y estos días en Panamá he aprovechado la inmediatez de los casinos para tirarle de la oreja a Jorge, expresión chistosa que significa jugar a los naipes y que yo aprendí con el sentido específico de jugarse el dinero a los naipes, no nada más ir de boquilla.
Le he sacado 130 dólares a los casinos panameños, así que me voy tan feliz y habiendo dejado a Jorge con las orejas escociditas. Es poco en estos tiempos de depreciación, pero jugando de a poco al black jack tampoco se pueden hacer milagros. Ayer puse 40 dólares sobre la mesa y los estuve jugando casi tres horas, hasta que ya me cansé y empecé a jugármelos a más ritmo —y los perdí a igual ritmo, claro—. Luego pasé a la ruleta y quiso la suerte que acertara dos caballos y un estupendo 32 y caballos que me permitió salir tan campante del casino con mis cinco billetitos de un Jackson bello y hermoso con su cabellera ondulada de yupi decimonónico.
En los casinos se ven tipos humanos curiosos. Están los chinos (no los distingo, así que téngase la expresión como “cualquier persona con ojos rasgados”), que son una calamidad y vuelven locos a los crupieres con sus incidencias, como tocar las posturas, mover las cartas, pensar y repensar, etc. Están los tipos que agonizan con las malas jugadas de los demás y que se dedican a recalcular lo que habría pasado si fulano no hubiera pedido (o lo hubiera hecho), como si eso importara un carajo: el que juega mal al black jack pierde, seguro, y los casinos bien que se aprovechan, pero no influyen ni para bien ni para mal en la suerte del vecino. Unas veces te favorece la metedura de pata y otras te beneficia, y tan panchos.
Luego están las damas, que comprobé que en Panamá se gastan unos escotes de vértigo y unos push ups, o quizá fueran tetas postizas (que asimismo se ven muchas, a pares, tan empingorotadas ellas), igual de vertiginosos. También tenemos a los impasibles, gentes que parecen atacadas por la acinesia del Parkinson y no mueven ni una ceja así ganen fortunas o las pierdan; de estos me ha tocado en la vida ver algunos ejemplos, y son de quedarse a cuadros al ver su flema. Me sorprenden porque en mi concepción el juego debe ser eso: un juego, para divertirse, pero supongo que su procesión irá por dentro. En las antípodas emocionales tenemos, ¿cómo no?, a los gritones. En Las Vegas llega a ser horrible, con esos aullidos gringos, pero los chinos antedichos también pueden ser muy ruidosos. En los casinos europeos se grita poco o más bien nada, es todo como más sobrio, y se habla poco con los crupieres; en América, sin embargo, parece todo más convivial, más relajado. Como muestra, ayer entré yo con huaraches (recién comprados en el mall de Albrook, que casi me pierdo de lo enorme que es) y pantalones cortos, y no sé si en Europa me habrían permitido la entrada así, pero creo que no.
Lo que sí creo que puede decirse de los jugadores es que son como los pescadores, los cazadores o los hombres en general: una bola de mentirosos, o al menos de semiveritarios. No hay pescador que no exagere el tamaño del pez que sacó, ni cazador que no blasone de los dobletes de pájaros perdiz que hizo o el tiro a cuatrocientos metros que le metió al venado en todo el codillo, ni hombres que no se coman una y se cuenten veinte (permítaseme la generalización, que ya sé que de todos hay excepciones, y muchas, pero ya me entienden...). Al jugador de casino le pasa igual: siempre cuenta lo que ganó y con qué jugadas lo hizo, pero los fracasos, ¡ah!, esos ni mentallos.
Pero eso son los otros, porque yo sí gané 130 pavos ayer, eh... ¡Yo sí!
En el vuelo 410 de Copa Airlines, a unos 38000 pies sobre Nicaragua, el día de san Eulogio de Córdoba (presbítero y mártir), al mediodía; publicado en San Salvador por la tarde.
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El día 2 de enero es una fecha muy señalada entre las efemérides españolas, aunque la inmensa mayoría de la ciudadanía —diría que toda, salvo quizá los granaínos— desconoce el motivo. Ese día, que en la ciudad de Granada es feriado local, se conmemora la entrega de la ciudad a los Reyes Católicos, hecho que acaso debiera también celebrarse en el gremio de las tintorerías si hay que hacer caso a la muy apócrifa historieta sobre doña Isabel de Castilla y su camisa puesta ad victoriam. Ya que hablo de tintorerías, es una actividad curiosa, porque no tiñen nada o al menos ya no es su actividad primordial; pero claro, decir que uno tiene una tintorería quizá vista más que decir que uno regenta una lavandería, que es actividad menos reconocida. Ni modo.
Decía que los RR. CC. tomaron la ciudad de Granada, o el rey Boabdil El Chico se la entregó antes de llorar como mujer lo que no había defendido como hombre, que para los efectos de este breve inciso es lo mismo, tal día como hoy, dándole al botón de start de lo que ha venido siendo España, con algunas adiciones y deleciones coloniales diversas en tamaño y condición. Suele tenerse a los RR. CC. gran respeto por este asunto de unificar España, y no fue mala hazaña dada la pléyade de gobiernos feudales que mangoneaban por doquier, pero a mí me gusta recordarlos como los autores de un despropósito cuyas consecuencias arrastramos aún: la expulsión de quienes no pensaban como ellos.
Los RR. CC. expulsaron a los judíos y a los moriscos, quienes llevaban acá demasiado tiempo como para no considerarlos vecinos de derecho, y comenzaron con ello la política centropeninsular del aíslamiento, del pedigrí fetén, de la prevención por lo diferente. Como migrante semipermanente no puedo dejar de advertir que mientras que al ir a metrópolis como la parisién, la londinense y la amsterdamesa uno ve muchos colorines (y los veía desde mucho antes de la ola inmigratoria de los 90), en España no hubo jamás un solo individuo con rasgos americanos hasta que llegó esta misma ola. Lo que es lo mismo: España se limitó siempre a exportar, pero prefirió guardar la estirpe local al abrigo de las mezclas, lo que resulta de lo más notorio si se tiene en cuenta que la propia España fue siempre un lugar de habitantes variopintos, donde los fenicios, los romanos, los godos de todo tipo, los almoravides, almohades y el resto de pueblos musulmanes anduvieron por acá sin mayor problema que las escaramuzas bélicas de rigor cuando a uno lo invaden sucesivamente. Esta fue una de las primeras cosas que advertí al llegar a México: la variedad que no hay en España (o que no había, porque la cosa está cambiando y a buen paso).
Es una reflexión tonta sobre el día de hoy, pero sobre todo quería comentarlo porque, como decía antes, en Granada hoy es feriado, y la fiesta tiene un nombre: la Entrega del Pendón. Así que me gusta recordar que quienes cumplan años hoy pueden decir, a mucha honra o a mucha pena, a su elección, que nacieron el día del Pendón.
Olé.
En San Pancho, el día de san Basilio Magno (obispo y doctor de la Iglesia) por la mañana.
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